
Nos hemos olvidado de todo porque casi nada importa más ahora que este equipo que nos ha vuelto locos tumbando a media Europa en seis asaltos. Aunque ‘todo’ sea pagar la hipoteca todos los meses, esas minucia. Que España se convierta en campeona de Europa es un festín inesperado de delirio, una de esas fiestas de mañana que ya presentíamos ayer, como presentíamos una bicicleta cuando se acercaba el día de la Comunión, como un día intuíamos el beso probable de aquella chica guapa que nos miraba demasiado y como Nico veía venir su improcedente despido.
Daba igual lo que la juguetona España hiciera anoche frente al cemento armado alemán... ¡mentira! La pulsión desbocada de las masas bebe de la varita genial de Xavi, del taconazo de Iniesta, de la galopada de Torres, del manotazo de Casillas, de los gritos de Puyol. Pero sólo come de la victoria. Sólo nos valía levantar el trofeo, y en esas estamos, abrazando a un desconocido en el bar, dándole al champán y quemando la batería del móvil para mandar un sms que podría firmar Manolo el del bombo. Feliz y dulce resaca.